Los adversarios de la izquierda y la superación del capitalismo:

contexto, alianzas y orientaciones

ESCRITO POR:

GONZALO CUADRA Malinarich

El contexto del conflicto entre adversarios.

Como en la mayoría de los fenómenos sociales, la configuración de lo que se entiende por adversarios de la izquierda es una cuestión que depende del contexto (histórico, político-económico, etc.). Por tanto, cualquier ejercicio que no se detenga lo suficientemente en él corre el riesgo de constituir poco más que divagaciones sobre el empresariado y la derecha.

Es preciso, entonces, situar la discusión de los adversarios en el estado actual del capitalismo neoliberal contemporáneo en general, y en algunas coordenadas de la situación latinoamericana y chilena en particular. Tras la crisis de 2008, ha sido evidente que el capitalismo no ha podido sacudirse de lo que son ya persistentes tendencias que amenazan su continuidad: endeudamiento creciente, estancamiento del crecimiento, inflación sostenida (Streeck, 2016). Esta situación de inestabilidad ha estado relacionada con dilemas en el ámbito político-social que sugieren un cuadro especialmente desafiante para la izquierda.

El cambio climático y, particularmente, el calentamiento global, son ejemplos de amenazas existenciales para la humanidad de cara al siglo XXI, frente a las cuales hay que encontrar respuestas. Lo anterior reconfigura el escenario político-económico internacional, otorgando mayor prominencia a determinados adversarios. Así, por ejemplo, especial importancia reviste en este contexto el rol de los gigantes del petróleo y otras industrias extractivistas, lo cual se refleja en que hoy la lucha por la defensa de la tierra cobre una cantidad similar de vidas que algunos conflictos bélicos activos (Mistry, 2019).

Otro clivaje fundamental para los procesos históricos que se avecinan está dado por el avance de las nuevas tecnologías, como la Inteligencia Artificial, que en el marco de la omnipresencia de las redes sociales y los gigantes tecnológicos en la vida cotidiana (aparejados al Big Data y la multiplicación de las posibilidades de vigilancia que de todo ello derivan), presenta una serie de elementos preocupantes de cara a procesos como la automatización del trabajo (que al ser comandada por la clase dominante, probablemente no se destinará a aumentar el tiempo libre o la calidad de vida, sino a precarizar la posición del pueblo trabajador).

En el plano de las subjetividades contemporáneas, es clave constatar la vigencia del concepto de Rosa Luxemburgo de la colonización de nuevos espacios para la mercantilización como una necesidad permanente del capitalismo (Streeck, 2016), y notar la gran tensión que atraviesa actualmente en la forma de agudización del individualismo. El capitalismo se encuentra sometido a tensiones y resistencias relevantes para continuar su trayectoria avasalladora, por acercarse a límites críticos, tanto en cuanto a sus barreras materiales (sobreexplotación de recursos naturales), como a su invasión de aspectos cada vez más profundos de la subjetividad humana y más nucleares de la vida colectiva. Sin embargo, esta disyuntiva decisiva, de superarse exitosamente, puede terminar siendo un salto difícil de revertir, en tanto socava aquellas cuestiones que dan sentido a la organización y lucha colectiva por una transformación radical. 

Aun cuando es posible apelar nostálgicamente a edades de oro, la experiencia histórica muestra el enorme poder movilizador que tienen las imágenes de futuro, los proyectos que siembran la esperanza, o en último término, la posibilidad concreta de lograr avances materiales (Wright, 2015). Su debilitamiento de la mano de la desintegración de la sociedad puede ser crítico para las posibilidades de levantar una lucha emancipatoria. Si no hay relaciones sociales estrechas y significativas que cuidar, o la existencia misma de la sociedad como un todo coherente -lejos de un todo cohesionado- está en duda (Streeck, 2016), no hay a lo que apelar para enarbolar los estandartes transformadores. Entonces, la radicalización de la enajenación exige que su neutralización siga el recorrido completo desde los procesos de subjetivación hasta la lucha internacional contra las fuerzas de dominación imperiales.

Ultraderecha.

Probablemente, uno de los elementos más sobresalientes del último tiempo es la reemergencia de la amenaza de las ultraderechas. Para evitar su desarrollo a un punto que pueda constituirse en un actor político protagónico en la escena política nacional, son necesarios algunos resguardos:

Exige recordar que, si bien, como algunos autores han señalado (Michea, 2002), lo revolucionario siempre tiene algo de conservador –en el sentido de rescatar formas tradicionales de solidaridad y apoyo mutuo frente al asedio del individualismo–, esto tiene un límite: no se puede derivar en una forma reaccionaria de reivindicar ciertos valores y principios asociados a ciertos grupos sociales o, en su peor forma, cierta estética, en forma monolítica. 

Si las ultraderechas se han retrotraído a identidades nacionales, religiosas y de otro tipo, que devienen en un conservadurismo recalcitrante, la respuesta de la izquierda no puede ser degradar en un identitarismo fútil y performático, o recrear en el seno de nuestras rencillas internas lo que diversas autoras feministas denominan las olimpiadas de las opresiones (Hancock, 2011). 

En este sentido, parecen ser contribuciones relevantes la de autores como Asad Haider, quien plantea la necesidad de superar las identidades particulares, al tiempo que se entiende que el proceso de liberación de cada uno está entroncado con el de las y los otros (Haider, 2018).  Lo anterior implica también sacudirse del igualmente inoficioso abordaje liberal de estas cuestiones, como el multiculturalismo acrítico (Malik, 2010), o la interpretación liberal del feminismo, que suelen reproducir las mismas opresiones que prometen subvertir (Haider, 2018).

En suma, tenemos que seguir encontrando nuevas formas de enfrentar lo viejo, así como también actualizar las viejas formas de responder ante lo nuevo: buscar resquicios entre los cauces que han labrado las tendencias seculares de la opresión, sabiendo a la vez situarnos estratégicamente frente a las amenazas emergentes, poniendo atajo a su crecimiento antes de que sea demasiado tarde.

Bolsonaro encarna muy bien un adversario concreto al que hacer frente decididamente desde la solidaridad internacional. Representa una contraofensiva frente al feminismo (la misoginia, el sexismo y la agenda anti-derechos han sido tristemente célebres aspectos de su administración) de la mano con una amenaza sin precedentes desde un punto de vista ecosocial con la dramática depredación del Amazonas.

“El poner en tensión, en el seno de las organizaciones partidarias y de inserción político-social, las malas prácticas, no tiene por qué concebirse como una actitud de mala fe en tanto tenga en último término un sentido cooperativo. Precisamente porque no hemos superado una cultura política con vicios antidemocráticos, personalistas-carreristas, machistas, etcétera, es que es preciso desarrollar un trabajo activo al interior de nuestras organizaciones para rebasarla.”

Adversarios y alianzas. 

La pregunta por los adversarios alberga dentro de sí la cuestión –igual de fundamental– de las alianzas. Así, responder adecuada y comprensivamente la primera implica hacerse cargo también de la segunda. Desde las dimensiones estructurales (como los ejes fundamentales de opresión, como clase y género), hasta las expresiones más concretas (coaliciones, partidos políticos, organizaciones gremiales), establecer y caracterizar esas fronteras será probablemente tanto o más decisivo como volver a recitar los clásicos malhechores que los manuales revolucionarios han consignado o autoproclamarse como salida alternativa a los socialismos autoritarios y los progresismos neoliberales.

En el marco de la fragmentación social descrita más arriba, que redunda en ausencia de proyectos colectivos, se obstaculiza la identificación de posibles alianzas y, sobre todo, languidece la capacidad de forjarlas y preservarlas. La estrechez de mente abunda, tanto para identificar y caracterizar a los enemigos, como también para reconocer y conformar las alianzas político-sociales requeridas. La lógica del enemigo interno, que solemos denunciar en la política represora ante la protesta social y en el proyecto racista en la expoliación de nuestros pueblos originarios, guarda muchas semejanzas con las prácticas que se observan al interior de la izquierda. No obstante, tampoco debe perderse de vista que la crítica, el debate y la disputa, son ingredientes indispensables para construir una izquierda capaz de enfrentar exitosamente a sus adversarios. Tampoco puede pretenderse que, en nombre de la necesaria unidad en la acción, se silencie la crítica. Aquí cabe recordar la función que suelen tener históricamente las diversas formas de castigos comunitarios para resguardar las formas cooperativas de vinculación. El poner en tensión, en el seno de las organizaciones partidarias y de inserción político-social, las malas prácticas, no tiene por qué concebirse como una actitud de mala fe en tanto tenga en último término un sentido cooperativo. Precisamente porque no hemos superado una cultura política con vicios antidemocráticos, personalistas-carreristas, machistas, etcétera, es que es preciso desarrollar un trabajo activo al interior de nuestras organizaciones para rebasarla.

El enfrentamiento contra adversarios es también el choque de proyectos, uno que también tiene una doble faz: es una lucha contra algo, y una lucha por algo. Estas cuestiones también se vinculan en forma dialéctica en la medida que la definición de una va delimitando a la otra. Y es que incluso pudiendo reconocer -aunque sea discursivamente- la interseccionalidad, cuando esa constatación está desprovista de un proyecto socialista emancipador y, por ejemplo, es levantada desde posiciones políticas socialdemócratas serviles al empresariado, puede tener efectos contraproducentes (Haider, 2018). Es aquí donde se hace patente la necesidad de concebir, a la vez que construir, un sujeto pluriversal que (auto)conduzca dicho proceso de liberación. Siendo cierto que la severidad de las opresiones o su centralidad en la configuración del modelo varía a través del tiempo y el espacio – por ejemplo, que en términos comparativos, la opresión racial pueda ser de especial relevancia en el contexto norteamericano (Wright, 2015) –, no tiene sentido caracterizar a priori el peso relativo de los actores necesarios en una determinada sociedad para levantarlo, sino entender que surgirá de la propia lucha emancipatoria de diversos grupos sociales articulados frente a la dominación y la explotación de quienes se benefician de los privilegios arbitrarios y el poder que el sistema les otorga. Del mismo modo, aun cuando el neoliberalismo pueda constituir una distorsión de los valores liberales (Atria y Sepúlveda, 2016) y estos puedan contener principios promisorios para construir una sociedad más justa (Ruiz y Arellano, 2016) o servir como contención ante el autoritarismo (algo que incluso Trotsky reconocería), las izquierdas no debemos limitar nuestro repertorio ético-político a estos conceptos (y los supuestos que encierran), sino levantar un proyecto socialista y de liberación con una filosofía política propia.

Orientaciones para el debate y el quehacer de las izquierdas.

Es preciso enfatizar que nuestro antagonismo es tanto hacia actores-sujetos sociales (colectivos) como hacia (super)estructuras-instituciones. La falta de reconocimiento de esta dualidad es tal vez otra más de la tristemente larga lista de razones por las cuales la izquierda sigue sin terminar de encajar dentro de sus modelos a la centralidad de los sistemas de dominación cuyos rostros o defensores no son tan evidentes, pero que no obstante tienen dispuestos poderosos anclajes con alcances seculares, como ocurre con el Patriarcado. 

Ahora, es necesario recordar también que los adversarios no se reducen a sus representantes en la política, y el enfrentamiento no debe por tanto limitarse a ellos. En el mismo sentido, la disputa, como bien se señalaba en el número de la Revista que motiva esta columna (Follegati, 2016), no tiene como único escenario el Estado, sino también es directa; con los actores por sobre y por detrás de él (poderes fácticos), y por el lado (más allá de la institucionalidad). Lo valioso de situar el debate de las izquierdas en este plano de mayor abstracción, es que mitiga la tentación de defender irreflexivamente la posición dentro del tablero político que ocupa el propio sector (por ejemplo, a qué coalición se pertenece), y habilita un debate con mayor honestidad y densidad intelectual, en cuanto requiere caracterizar con mayor claridad a la clase dominante y a los opresores, discutir sobre los aspectos más relevantes de su agenda política internacional y nacional para, a la luz de aquello, evaluar su grado de articulación con determinadas herramientas políticas y tomar definiciones sobre adversarios y alianzas.

Otra cuestión que esto permite mitigar es el hecho de que las respuestas desde el Estado están siempre retrasadas respecto de los movimientos del empresariado para rehuir de los (hoy débiles) controles sobre su acumulación de capital (Streeck, 2016) en detrimento de los intereses de las clases trabajadoras y el uso sostenible de los recursos naturales. Las izquierdas debemos estar preparadas, no solo en debates teóricos dentro de nuestros partidos, sino en términos programáticos y estratégicos, para predecir y –cuando no sea posible evitar– contrarrestar oportunamente dichos movimientos.

Toda vez que la definición de los adversarios y las alianzas es algo constreñido por un entramado complejo de determinantes y vinculado a la definición de un proyecto de transformación, debemos saber en esto encontrar un equilibrio entre considerar la determinación y la contingencia. Esto se expresa, entre otras cosas, en saber conjugar, por un lado, el actuar considerando las restricciones que la correlación de fuerzas y capacidades orgánicas propias imponen con, por otro lado, incorporar formas de trastocarlas.

Y es que el aumento de la incertidumbre en tiempos de crisis económicas y fragmentación social también deja una rendija abierta por la cual es posible infiltrar apuestas, y habrá que arrojarse con audacia e inteligencia a la disputa por orientar los cauces que seguirán los acontecimientos. En esta encrucijada histórica, en que la pervivencia de la civilización humana misma está en jaque, no tenemos otra alternativa que la ofensiva; una dirigida a lograr pasos claves para superar el capitalismo, y particularmente su forma neoliberal, lo que –como hemos dicho (Cuadra-Malinarich, 2018)– requiere un enfrentamiento concatenado en contra de los múltiples ejes de opresión.

Bibliografía
1.    Atria, F. y Sepúlveda, C. (2016). Liberalismo, neoliberalismo y socialismo. Revista Trama 1. 
2.    Cuadra-Malinarich, G. (2018). Salir del Laberinto Neoliberal: asalto simultáneo de sus puertas con un Socialismo Libertario. Revista Trama 4. 
3.    Follegati, L. (2016). La desvinculación. Lo político/social como dispositivo gubernamental. Revista Trama 1.
4.    Haider, A. (2018). Mistaken identity: race and class in the age of Trump. Verso Books.
5.    Hancock, A. (2011). Solidarity politics for millennials: A guide to ending the oppression Olympics. Springer.
6.    Malik, K. (2010). Multiculturalism undermines diversity | Kenan Malik. The Guardian. 17th March. [En línea]: https://www.theguardian.com/commentisfree/2010/mar/17/multiculturalism-diversity-political-policy [último acceso: 16 de agosto de 2019].
7.    Mistry, J. (2019) Defending the environment now more lethal than soldiering in some war zones – and indigenous peoples are suffering most. [En línea]: http://theconversation.com/defending-the-environment-now-more-lethal-than-soldiering-in-some-war-zones-and-indigenous-peoples-are-suffering-most-118098 [último acceso: 16 de agosto de 2019].
8.    Ruiz, C. y Arellano, F. (2016). La izquierda y los límites de la transición. Revista Trama 1.
9.    Streeck, W. (2016). How will capitalism end?: Essays on a failing system. Verso Books.
10.    Wright, E. O. (2015) Understanding class. Verso Books.

Gonzalo cuadra malinarich

Magíster en Salud Poblacional, University College London (UCL). Médico, Universidad de Chile. Investigador de la Escuela de Salud Pública Dr. Salvador Allende, Universidad de Chile. Principales áreas de interés: Determinantes Sociales de la Salud, Desigualdad, Equidad en Salud, Sistemas de Salud, Salud Mental, Neoliberalismo. Militante de Convergencia Social.