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yayo herrero

"Normalmente analizamos la economía desde el punto de vista del crecimiento económico, de los agregados monetarios"

- Entrevista realizada por Edson Dettoni Andrade, equipo TRAMA.

- Transcripción de Nicolás Chacana, Daniel Theurillat, Victoria Belemmi y Anita martínez, equipo TRAMA.

Yayo, te considero una de las activistas intelectuales más importantes de la actualidad, ecofeminista, y como tú has dicho, en defensa de la vida. Por eso mismo te quería preguntar ¿Cuál es la urgencia e importancia del ecofeminismo hoy?

Bueno yo creo que la mirada ecofeminista, junto a otras muchas, es tremendamente urgente e importante en el momento actual, precisamente porque estamos viviendo un momento histórico en el que podría decirse que la economía, la política y la cultura hegemónicas y dominantes se desarrollan de espaldas y en contraposición de aquello que permite sostener la vida humana y también el resto de la vida. Se plasma en el incremento de las desigualdades y en la destrucción del territorio, que posibilita que tengamos agua, que podamos producir alimento, el abastecimiento de energía, y además con una emergencia importante de la violencia y la desigualdad, como decía, en todos los ejes de dominación. Todas esas cosas están plenamente interconectadas. Y yo creo que la mirada ecofeminista nos ayuda a mirar esta realidad desde otro lugar.

 

Normalmente analizamos la economía desde el punto de vista del crecimiento económico, de los agregados monetarios. Miramos toda la cuestión de la crítica al patriarcado, obviamente, desde las violencias y desde las desigualdades en el espacio laboral, miramos la crisis ecológica desde el punto de vista, pues de la emergencia que supone el cambio climático, también desde el declive en el flujo de energías y materiales. Pero creo que el ecofeminismo nos ayuda a interconectar todas esas emergencias, a comprender por qué se produce este deterioro generalizado de todo lo que sostiene la vida y alumbra también e ilumina posibilidades de construir modelos que pongan en el centro la vida.

 

Y este sistema que es una suerte de canibalismo, que le ha declarado la guerra a la vida, como dices tú, ¿Cuáles son los elementos centrales que has identificado y que según tú están interconectados tanto a nivel científico como a nivel económico y gubernamental?

Bueno, yo por venir de un país europeo y de una sociedad urbana, creo que es importante señalar que una buena parte del deterioro y sobre todo de la imposibilidad de que las mayorías sociales comprendan el momento que estamos viviendo, tiene que ver con cómo se configuró o cómo se conformó la cultura el modelo cultural en Occidente hace ya un montón de tiempo. Un modelo cultural que tiene una especie de pecado original que es el de haber creado una especie de abismo ontológico, una especie de salto entre lo que consideramos humano y el resto del mundo vivo. Una separación drástica entre lo que se considera humanidad y cultura y lo que se considera naturaleza, como si la segunda fuera una especie de objeto externo explotable, pero sin comprender hasta qué punto de vista la humanidad es obviamente naturaleza y vive inserta en esa naturaleza. Pero un modelo también que separa lo que llamamos conocimiento de lo que ha sido considerado simplemente como saberes tradicionales, o incluso en un extremo es denominado folclore, desde una perspectiva terriblemente etnocéntrica. Un modelo también que separa lo que se llama humanidad, que básicamente reside para este modelo en lo estrictamente racional de la emocionalidad de los cuerpos, y que ha generado otra serie de divisiones y de dicotomías que siguen estando muy presentes.

 

Lo que llamamos económico de lo no económico, lo que llamamos producción de la reproducción de la vida. O también lo que llamamos las sociedades urbanas, por ejemplo, de las sociedades rurales. Todo eso, sin embargo, está plenamente interconectado, es inseparable. Pero al haberlo separado culturalmente definimos sujetos asociados a los lados más valiosos de esas dicotomías y sujetos que están asociados a los lados menos valiosos. Por eso las mujeres, el otro, los pueblos originarios, los pueblos colonizados, las personas sometidas, los animales y la naturaleza son sujetos subalternos menos valiosos frente a un sujeto que se autopostula como universal, que es mayoritariamente masculino o es mayoritariamente patriarcal, que es blanco, burgués, occidental y que se configura como ese sujeto universal que termina delimitando cómo se organiza la economía, cómo se organiza la política e incluso cómo debemos mirar culturalmente. Yo creo que de ahí arrancan un montón de problemas, un montón de desigualdades y por tanto también un montón de violencias.

En contraposición a la organización social que has descrito ahora ¿Cómo sería una organización social ecofeminista y quiénes serían los principales referentes, tanto filosóficos como políticos, a los que uno tendría que poner atención para imaginar esa organización?

Yo creo que una organización alternativa al modelo de destrucción sería una sociedad que ponga la vida en el centro. ¿A qué nos referimos con una sociedad que ponga la vida en el centro? A una sociedad en la que la articulación comunitaria, la economía, la política, y las decisiones sobre el espacio público y sobre el territorio tienen como absoluta prioridad no los mercados ni el crecimiento económico, que es ahora mismo lo que configura y determina cuáles son las prioridades, sino que tiene como absoluta prioridad la posibilidad de mantener condiciones de vida dignas. Solemos decir metafóricamente: la posibilidad de generar vidas que merezcan la alegría de ser vividas, para todo lo vivo, es decir, para las mujeres, para los hombres, para las personas, para las comunidades, y también para el resto del mundo vivo -hablamos de plantas, animales, microorganismos, ecosistemas-. Ese es el marco al que vamos.

 

Esa forma de organizar la sociedad requiere asumir lo que somos como especie humana. Requiere asumir que nuestro planeta Tierra tiene límites físicos y que, por tanto, la vida humana y su articulación está sujeta a límites físicos. Requiere asumir que la vida, una a una, es tremendamente vulnerable y que, por tanto, las redes de interdependencia son claves. Requiere, por tanto, prestar una enorme atención a la articulación comunitaria, a aprender a hacer cosas en común frente a un modelo estrictamente individualista, que se ocupa de generar una constante desconfianza y un tremendo miedo al otro, al que percibimos como una amenaza, como una relación de estricta competencia, frente a la inevitable cooperación que debemos hacer o que debemos tener para poder sobrevivir.

 

Hay algunas referencias a las que podemos situar en el marco del pensamiento. Para mí, por ejemplo, Silvia Federici y Silvia Rivera Cusicanqui, dentro de las pensadoras que han trabajado la decolonialidad de una forma intensa, y también pensadores como Latour. Yo, por ejemplo, tengo un especial afecto a un pensador que se llama José Manuel Naredo, que es uno de los padres de la economía ecológica y que para mí es una persona terriblemente entrañable, querida y valiosa. Pensadores también como Ramón Fernández Durán que, a mí, por ejemplo, me ha modelado de una forma evidente.

 

Pero quería referirme también a personas no conocidas, que no tienen nombre ni apellido, pero que sin embargo para mí son referencias en el momento actual. Tantas organizaciones de mujeres populares que se han organizado en la defensa de la vida en barrios urbanos, en zonas rurales. Tantas personas que no tienen nombres que sean conocidos, que no aparecen en los grandes medios de comunicación, que defienden la vida. Tantos pueblos originarios con distintas cosmovisiones, que nos obligan a mirar el mundo, la naturaleza y los cuerpos de una forma diferente. Yo me debo mucho a todas esas personas, a espacios donde he tenido la suerte de ir, donde me han contado cosas, donde me han obligado a mirar de una forma distinta y a entender que el pensamiento y la articulación social requiere de liderazgos colectivos, requiere de eliminación importante de egos, requiere de una construcción en la que el poder se dispersa y rota, y donde los protagonismos ceden paso a esos protagonismos colectivos y comunitarios.

En el tránsito de una forma de organización que está en guerra contra la vida a una forma de organización que pone el acento en la vida. ¿Cuáles son nuestras prioridades? Nos abocamos a las formas cooperativas de producción. ¿Cuáles crees tú que serían las prioridades para pasar de una a otra?

Yo creo que, de cara a ir transitando, hay distintas cosas a tener en cuenta. Primero, que no llegamos mágicamente a ningún lugar de destino, sino que partimos desde donde estamos, y desde ahí tenemos que caminar. Yo creo que es muy importante, una prioridad, y parece una cosa que no lo es tanto, tener en cuenta cuáles son las raíces del conflicto y a dónde queremos llegar.

Lo digo porque, por ejemplo, dentro de las economías verdes, o dentro de las economías feministas, a veces nos podemos encontrar con soluciones que parece que son soluciones, pero que llevan a agravar los problemas, es decir, soluciones estrictamente tecnológicas, por ejemplo, que puedan apostar por la industria del coche eléctrico o por las energías renovables, sin ser conscientes de que, independientemente de eso, que es necesario, debemos reducir de una forma clara el transporte motorizado o el consumo energético, por ejemplo ¿no? Entonces, es importante saber cuáles son los conflictos, cuál es la raíz estructural del problema y un poco esbozar hacia dónde queremos caminar.

 

Dicho esto, yo creo que hay algunas prioridades que son claves en el entorno local, en la escala local. Desde mi punto de vista, la apuesta por las estructuras de economías sociales y solidarias, es decir, pensar en la articulación de iniciativas de corte cooperativo, que piensen cómo resolver los problemas y las necesidades de las personas, sobre todo los espacios en donde hay personas más vulnerabilizadas, más empobrecidas, es absolutamente clave.

 

Hablamos de cooperativas de consumo, por ejemplo, de producción agroecológica que se conecte directamente con productores y productoras y establezca circuitos cortos de comercialización y favorezcan el consumo alimentario de cercanía. Hablamos de cooperativas de servicios energéticos, de tal manera que la producción de energía y su consumo se descentralice y no dependa tanto de grandes compañías energéticas que las gestionan desde el punto de vista de los beneficios y no desde las necesidades de la gente. Hablamos de medios de comunicación alternativos, que sean capaces de hacer llegar miradas no hegemónicas sobre lo que le está pasando a las mayorías sociales. Hablamos también de cooperativas de servicios financieros, que, por ejemplo, de forma autoorganizada son capaces de financiar proyectos sociales que nunca financiaría un banco convencional. Es decir, hay todo un repertorio que articula la economía social y solidaria que a mí me parece clave, ¿no?

 

Por otro lado, me parece también prioritario favorecer formas de articulación y de regeneración de la vida comunitaria en las sociedades. Ahora mismo, por ejemplo, Chile está viviendo un momento en el que están surgiendo montones de asambleas y de cabildos, prácticamente en casi todos los lugares. Eso me parece fundamental. Es decir, la generación de espacios que posibilitan pensar la vida en común desde la diversidad de las personas y de las necesidades que tienen, que habitan los territorios, y desde la posibilidad de generar un interés general o un bien común que inevitablemente surge del consenso y del compartir entre miradas individuales diferentes. Me parece que toda esta articulación de la vida comunitaria en los lugares es completamente necesaria y muy importante, ¿no? Y también, dentro de esa mirada comunitaria, el pensar cómo resolver colectivamente las necesidades de la gente más empobrecida. Porque si no lo hacemos, las personas que buscamos un modelo más emancipatorio y más justo para todas las personas, lo que sucede es que emergen, como está sucediendo en casi todo el mundo, iniciativas de corte neofascista o neopopulista, misóginas, racistas, violentas, y me parece que eso es un tremendo riesgo en momentos de conflicto. Y, por tanto, creo que es un tremendo riesgo que solamente se resuelve desde la articulación de lo comunitario. Yo diría que esas vías, a escala más pequeña, me parecen clave.

 

Y creo además que esas iniciativas a escala pequeña permiten a la vez construir poder popular y tejido social que permite también confrontar en espacios más estructurales. Es decir, detener la implementación de tratados de libre comercio que acrecientan la destrucción. O también forzar, porque creo que hay que forzarlos, cambios en políticas públicas, ya sean municipales o a escala Estado, para conseguir que quienes gobiernan no tengan tan fácil gobernar en contra de la propia gente.

Paralelo a esto, tú has dicho que, parte de, o quizás paralelamente, o quizás antes incluso de que se desarrollara completamente el capitalismo, la acumulación y la superproducción actual, tuvo que generarse primero una cultura particular. ¿Cómo sería la cultura en el ecofeminismo, ahora pensando más bien en el arte? ¿Qué rol tendría que jugar la cultura en esta pelea por la vida, y cómo serían o cuáles serían los referentes que tú misma tienes?

Bueno, yo creo que la cultura juega un papel fundamental indisociable a los momentos históricos que se viven. Cada momento histórico ha generado sus propios repertorios culturales, y en este momento necesitamos mucho del mundo de lo que normalmente denominamos cultura. Porque lo que está claro es que solamente con datos, solamente con una mirada de lo que se suele denominar científica, es decir, explicando cuántas partículas por millón de gases de efecto invernadero hay en este momento en la atmósferas o contando a qué ritmo desaparece la biodiversidad o de qué manera el extractivismo merma las posibilidades de la naturaleza para regenerar sus ciclos no conseguimos llegar al interior de las personas, es decir, la racionalidad entendida como aquello que reside solamente en el intelecto.

 

Es una idea de racionalidad muy amputada. Para mí, por ejemplo, es una referencia María Zambrano, que fue una filósofa que salió en el exilio durante la dictadura española, una mujer tremenda. Ella hablaba de la razón poética, esa razón que no reside solo en la cabeza sino que se reparte también en el resto de las vísceras y que reconecta la emocionalidad al conjunto de la vida con eso que hemos llamado pensamiento, que es absolutamente indisociable. Y en ese sentido, creo que activar otros lenguajes, como es el lenguaje del teatro, el lenguaje de la performance, el lenguaje de la poesía, el lenguaje de la música, el lenguaje de la pintura. Todos los lenguajes de lo que denominamos artístico es clave.

 

Digamos que un arte al servicio del modelo hegemónico, es un arte que ha generado una nueva dicotomía entre la ética y la estética, como si la estética o la mirada de la belleza pudiera estar separada del mundo de las ideas o del mundo del pensamiento que la alimenta. Retejer esos lazos entre ética y estética a mi me parece clave. Yo creo además que lo estamos viviendo de una forma clara. ¿Por qué de repente la canción de LasTesis prende no solamente en Chile, sino que a mi me llegó la primera representación de LasTesis en Valparaíso, y quince minutos después me llegaba la primera réplica que se hace en España, en la Puerta del Sol, en Madrid? A partir de ahí me llega la de Barcelona, la de Zamora, pero también la de Beirut, la de Estambul, y todas las que se empiezan a reproducir en todos los lugares; qué fuerza tiene una forma de comunicar y de poder canalizar la rabia, la esperanza por otros mecanismos, que no son la pura denuncia o la pura cifra. ¿Por qué de repente ayer una amiga chilena, que se llama Cecilia Barriga, que vive en España hace muchos años y que ahora mismo compatibiliza su vida entre venir a ver a su familia a Concepción y vivir en Madrid, me enviaba unas fotografías de su mamá, de 92 años, yendo en Concepción a la plaza a preparar la coreografía de LasTesis? ¿Por qué de repente tantas mujeres que no habrían salido a denunciar la cultura violenta del patriarcado, una cultura de la violación, de repente se sienten cómodas haciéndolo colectivamente, a partir de una coreografía y de una canción que como se ve nos representa a todas, a todas las mujeres en el mundo?

 

Yo creo que esa es una muestra de inteligencia colectiva, una muestra de cultura que atraviesa un montón de fronteras ficticias que nos separan a unas mujeres de otras. Estos días en Santiago, por ejemplo, yo veía muestras de poesía urbana en la cartelería, en los grafitis que hay en las paredes, que me recordaba mucho lo que se vivió en mi ciudad, en Madrid, durante toda la revuelta de indignados e indignadas. Que reclamaban la centralidad de la vida desde algo que yo llamaría pura poesía urbana. Esto también surge de una forma bastante anónima, conectando con esto que decía de los liderazgos colectivos y de las miradas colectivas, eso que está, que reside en la gente normal y que de repente sale y con mucha, mucha fuerza, ¿no?

 

Yo antes no sabía quién era, pero me llama la atención que de repente se recupere también toda la iconografía y la memoria alrededor del Negro Matapacos. En este caso, simbolizar la lucha alrededor de un perro. Para mí, eso es como que de repente colocas las luchas en otro lugar y creo que es un fuerte ejemplo de cómo la cultura se interconecta de forma clara con las luchas en una cosa que tiene mucho de recuperación de la memoria. Yo escuchaba muchísimo aquí, por ejemplo, música de Víctor Jara y, a la vez, con el rap o una suerte de reggaetón alternativo o una cumbia alternativa, que también recupera ritmos actuales para resignificar las mismas luchas. Para mí eso tiene una fuerza cultural tremenda.

Última pregunta, Yayo: ¿Cómo te volviste Yayo Herrero?, ¿Cómo pasaste de ser ingeniera agrónoma a ser una activista ecofeminista, en defensa de la vida?

Bueno, pues gracias al aprendizaje que he ido haciendo de otras personas, ¿no? Yo nazco en una familia que no tiene una vinculación política, no la tenía, no es una familia donde yo haya aprendido el activismo, pero sí una familia de mujeres fuertes. Mi mamá enviudó muy jovencita y se quedó con 5 hijos. Yo soy la mayor, con mi hermana pequeña no me llevo ni 5 años, y yo me he criado en una casa con una madre fuerte que sacó adelante la familia con mucho esfuerzo, y también con mucho dolor en algunos momentos. Pero también con una abuela fuerte que era una maravillosa contadora de historias. Mi abuela nos contaba montones de cosas, nos podíamos partir de risa con ella porque de la cosa más cotidiana era capaz de montarte una historia terrible y yo ahí me di cuenta de lo importante que era el poder hablar, el poder contar las historias, los matices, las miradas, los detalles, esa importancia de los detalles la aprendí con mi abuela.

 

Y luego, tuve la suerte de que en la escuela pues, cuando yo debía tener 13 años, llegó una persona que trabajaba en contra del apartheid en Sudáfrica, y yo ahí comencé a entender lo que era el racismo estructural, lo que eran las desigualdades, empecé a tener una ventana a las grandes injusticias, ¿no? Y me articulé con otras personas muy jovencitas de las que he ido aprendiendo y a partir de ahí he tenido la suerte de estar siempre organizada, siempre en contacto con personas que me han obligado de alguna manera a mirar aquello que estaba oculto, aquello que estaba escondido. Y para mí, el activismo no es solamente un elemento importante, sino que ha sido una forma de articular comunitariamente. Siempre he tenido la sensación de que cuando las cosas van mal, de que cuando el mundo no va por donde debería ir, yo me he sentido siempre protegida participando en espacios donde me he sentido querida, donde me he sentido escuchada, donde he tenido la posibilidad también de querer y escuchar a otras personas, de construir colectivamente y eso me ha dado una enorme fuerza y una enorme alegría.Tengo muchas veces la sensación de que, bueno, el mundo igual camina hacia el colapso, lo he repetido mucho, pero yo voy super bien acompañada, ¿no? Y dando guerra, tratando de combatirlo, y para mí, eso es muy importante.

Entrevista realizada por Rodrigo Ruiz, Antropólogo, Director del Diario Digital El Desconcierto.

Alejandra Castillo.

Doctora en Filosofía, mención Filosofía Política Universidad de Chile. Académica de la Escuela Latinoamericana de Estudios de Postgrado y Directora del Diploma en Estudios feministas de la de la Universidad ARCIS.

alejandra

castillo

“La pregunta por los adversarios supone un
orden identitario político que debiese ser cuestionado”

Quisiera empezar conversando desde tu mirada de la izquierda contemporánea sobre la cuestión
de los adversarios, planteándonos una cierta interrogación por la pertinencia de pensar la izquierda desde sus contrarios.

La primera advertencia en relación a la figura política de lo adversarial o el adversario tiene que ver con la figura de la identidad. Cuando la política de izquierda se describe desde la iden- tidad, de alguna manera, lo primero que hace es describir o buscar cuáles son sus adversarios, pero eso implica primero presuponer que hay un orden de la identidad que se conoce, que se reconoce y que de alguna manera busca ser cautelada en relación a sus adversarios. Entonces, cuando se busca a los adversarios de alguna mane- ra se presupone ya una identidad de la izquierda.

La pregunta es si esa búsqueda de los adver- sarios no genera la ficción de una identidad, aun cuando pudiéramos decir que la política de iz- quierda hoy está, o bien en cuestionamiento, o bien en un momento de crisis en relación a su organización. Al instalar la pregunta por los ad- versarios se presupone previo, ya establecido, un “en común”.

¿Deberíamos desplazar la cuestión desde el campo de la identidad a otro campo?
La pregunta es si es posible desplazar el orden de la identidad cuando lo que se está buscando son los adversarios. Yo creo que no; al instalar la pregunta de los adversarios se presupone un orden identitario de lo político, que debiese ser cuestionado hoy. Partir desde la identidad ya implicaría reconocernos, por ejemplo, desde lo heteronormativo, orden que no se explicita pero que es la ficción habilitante de lo “en común” de lo identitario. En este sentido, y pensando en discusiones recientes como las generadas en torno al acuerdo de vida en pareja, llama la atención que aun cuando es un acuerdo de unión de parejas no heterosexuales, el marco desde el que se busca narrar y regular este tipo de relaciones es esencialmente heterosexual. En otras palabras, contra cierta tentación populista que nos demanda construir pueblo a partir de una política adversarial, diría que en el momen-

to actual lo determinante para una política de izquierda es interrogar ese orden de la identidad que compulsivamente la describe como un suje- to unitario. Esto, por supuesto, no implica negar los antagonismos, por el contrario, supone plura- lizarlos, multiplicarlos, desjerarquizarlos de una trama o marco que busca regular o normalizar dichos antagonismos desde la lógica e intereses de un sujeto preconstituido.

¿Cuál sería entonces tu sugerencia para salir de esa mirada, de esta pregunta

centrada en lo identitario?

Pensar en modos de articular a la izquierda don- de se desplace el orden que desde la interioridad describe la exterioridad como enemigo, o sea desplazar ese orden de lo político como marco categorial más que escribir una política progra- mática. Cuestionar esos ejes categoriales que describen la política de izquierda en Chile.

Si pensamos cuáles son esos ejes, uno es el que ya mencionaba; la política de izquierda na- rrada desde la heteronormatividad. Otro está vinculado a cierta lógica o temporalidad de la urgencia y la eficiencia que narra las prácticas políticas desde un orden y un tiempo únicos, genéricamente identificados con el principio de representación parlamentario y el orden estatal. Limitar las prácticas de transformación social a ese orden y a ese tiempo es no advertir los pro- cesos de “enmarcamiento” que constituyen el trasfondo de las luchas políticas. Contra esta ce- guera o limitación, que puede ser considerar un efecto de marco, pienso que la izquierda debe in- terrogar hoy sin descanso esos ejes categoriales, esos órdenes de representación.

«Habitualmente pensamos la política desde un mismo lugar (los partidos políticos, el parlamento), pero dejamos sin cuestionamiento la producción de conocimiento, esto es, el lugar desde donde se reproduce el orden dominante.»

«...podríamos decir que si bien es urgente votar a favor de la legalización del aborto; también es urgente transformar los modos con que describimos a las mujeres y la política, y esos otros modos implican ampliar el espacio de la política a otras escenas tan relevantes como la escena parlamentaria. Esta lección es una vieja lección de izquierda que hemos olvidado.»

manuela

infante

Pía Bonnet. Egresada de Literatura
con mención en investigación para las humanidades en la Universidad Finnis Terrae. Hizo un minor en Estudios Críticos y curatoriales y ha trabajado como ayudante de Dramaturgia de la Palabra e Historia del teatro. Actualmente es profesora adjunta del guionista, dramaturgo y docente Benito Escobar en la UAH.

Manuela Infante. Directora y dramaturga, ha escrito y montando con la compañía Teatro de Chile las obras Prat (2001), Juana (2004), Narciso (2005), Rey Planta (2006), Cristo (2008) y Ernesto (2010). Con Narciso obtuvo el premio Altazor del año 2006 en las categorías de dramaturgia y dirección. Estrenó hace pocos meses su última obra Realismo (2016).

"El género es una construcción que
se ha representado históricamente, uno ‘actúa’ su género"

La dramaturga chilena Manuela Infante, junto a la compañía Teatro de Chile, se ha convertido en referente obligado para el teatro chileno del siglo XXI. A través de sus obras asistimos a la crí- tica contemporánea que reinterpreta personajes históricos para cuestionar, no solo la “memoria oficial”, sino nuestras propias representaciones reivindicando “cierto poder en lo no visible”.

No se declara experta, pero en su ejercicio creativo evidencia el rol del patriarcado en la sociedad, comprende al género como una cons- trucción identitaria y analiza el rol que podría jugar el feminismo en la disputa por el poder.

P: Hablemos en primer lugar sobre feminismo en la obra Cristo. ¿Cómo definirías tú el concepto de representación de lo femenino en esa obra?

M: Quizás vale la pena partir diciendo que yo no soy una estudiosa feminista. Por lo tanto, no sé, académicamente, cómo enmarcarme y desmar- carme de las corrientes que quiero y no quiero. Pero tengo una intuición feminista que creo que le corresponde a la época, y tomo ciertas accio- nes creativas orientadas a esa intuición.

P: Si quieres me puedes mencionar cuál es tu noción de feminismo.
M: Me parece bien entrarle a Cristo. Cristo es una propuesta que surge gatillada de mis lecturas de autores post-estructuralistas, que en el fondo entiende la construcción de un personaje como el resultado de la reiterada performance de su re- presentación. O sea, es posible llegar a construir un ser a punta de representarlo reiteradamente y eso está muy alineado con el cuerpo, con una especie de sedimentación de lo performeado, tomando la idea vieja de la performatividad y el cuerpo como reiteración, como cita a la norma.

Lo que hacía Cristo estructuralmente era tra- tar de mirar si es que había algo detrás de las representaciones del personaje, en un gesto que terminaba por construir el recorrido de la obra, donde nunca encontrábamos un cuerpo sólido detrás de esas representaciones. Yo siempre lo pensaba como si tuviéramos un muro y quisié- ramos sacar el papel mural para ver de qué está hecho el muro, y descubriéramos que el muro estaba hecho solamente de muchas capas de papel mural. Esa es la estructura de Cristo. Creo que ahí hay una relación sencilla con el tema de la performatividad del género: es la idea de que el género es una construcción que se ha re- presentado históricamente, en que uno “actúa” su género –su género como personaje– citando cómo le llegó, cómo lo ve, dadas las referencias que se le ofrecieron, y en la medida que cita, de alguna medida fortalece la norma y uno se “hace de” un género. Entonces creo que de esa manera, la relación es bien concreta, de cómo nosotros abordamos la figura de cristo y el género como un acto performativo.

P: Y en tu ejercicio creativo dramático, esta noción de género ¿se puede ver en tus obras?

M: En mi propia experiencia, por supuesto que sí. Yo recién con Xuárez, que es una obra de Lucho Barrales, es primera vez que abordo el género de manera frontal. De alguna manera, este juego que tratamos de hacer con Luis Barrales, en don- de tratamos de reescribir la mitología de la fun- dación de Santiago, de manera de darle un rol a esta mujer que era Inés de Suárez, ahí es primera vez que siento que tematizo el borrado de la mu- jer en la historia.

En el silencio hay un poder, que quizás no ha sido explícito o comprendido del todo, pero hay una agencia que sí se está jugando en ese lugar silenciado... ¿basta con el empoderamiento no más, manteniendo la estructura económica y social que hay, o es el feminismo en realidad un movimiento que viene a quebrar la estructura de poder que conocemos?

Estamos hablando de poder y, en ese punto, los que tienen el poder están dispuestos a ir muy lejos.

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