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editorial

“Solo por amor

a aquellos sin esperanza nos

es dada la

esperanza”.

Benjamin, W. (1924)

Como señala Jorge González en una entrevista reciente, es muy triste que El baile de los que sobran nuevamente sea himno de una generación, en esta ocasión en el marco de la Revuelta Popular que comenzó el 18 de octubre de 2019. Sin embargo, en esta ocasión no sobramos, y tal vez nunca fue así. Las fuerzas antagónicas al neoliberalismo nos expresamos con una firmeza arrolladora en el Plebiscito Nacional del 25 de octubre de 2020, en el que un 79% de los participantes se inclinó por sepultar el legado institucional de la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet Ugarte. Se trata de la mayor votación registrada en la historia electoral del país, y la más alta respecto del padrón desde la implementación del voto voluntario en 2012. 

Así, notamos como la canción de Los Prisioneros siempre estuvo invertida. La fuerza del levantamiento popular nace entre aquellos a los que le hicieron creer que sobraban cuando en verdad eran mayoría. Efectivamente “el futuro no es ninguno de los prometidos en los doce juegos”, puesto que esos juegos siempre beneficiaron a los que genuinamente sobraban. Sin embargo, a través del terror y la muerte nos forzaron discursiva y fácticamente a la desesperanza. 

Esto se evidenció con fuerza con la oposición del Gobierno a las movilizaciones iniciadas a partir del 18 de octubre, nuevamente por medio de violaciones a los derechos humanos, acreditadas tanto por organismos nacionales (Instituto Nacional de Derechos Humanos) como internacionales (Human Rights Watch, Amnesty International, Comisión Interamericana de Derechos Humanos).  Fue así como el proceso constitucional tuvo que ser alcanzado con vehemente defensa frente al terror y la desesperanza impuesta por el Poder Ejecutivo, y una parte considerable del sistema político, lo que nos sitúa ante una coyuntura política inédita en la historia chilena reciente.

Y eso nos recuerda la conocida frase de Walter Benjamin a la que recurre  Herbert Marcuse para concluir El Hombre Unidimensional (1964) ,utilizada como epígrafe de este editorial, y que también pareciera inspirar al baile de los que sobran: “Solo por amor a aquellos sin esperanza nos es dada la esperanza”. La mera existencia de aquellas personas perennemente proscritas, explotadas y perseguidas es condición suficiente para poner fin a vidas intolerables: su necesidad es la más inmediata y la más real. Su oposición es irreductible al estar basada en la vida nuda, atacando al sistema desde fuera, poniendo en cuestión las reglas del juego justamente por su imposibilidad de participar en él.   

El Chile de las últimas décadas refleja claramente este sentir. El movimiento que nace del 18 de octubre no cuenta con articulación política partidista alguna, y es protagonizado por las y los excluidos del modelo de desarrollo. En este escenario, el desafío de las izquierdas y de las fuerzas políticas transformadoras chilenas es aportar a la construcción de una fuerza política y social que represente e interprete a la mayoría del pueblo chileno, el cual se ha manifestado con fuerza en la Revuelta Popular. Este movimiento social irrumpe tras más de 30 años de descontento ante un sistema económico y político caracterizado por sus falsas promesas de dignidad y por su incapacidad de procesar demandas ante condiciones de vida intolerables. 

Estos defectos se encuentran inscritos en el modelo de república que instauró la Constitución de 1980. Como ha sido remarcado con insistencia por diferentes representantes y liderazgos sociales, el desarrollo de una nueva Constitución es el primer paso para comenzar a modificar el sistema neoliberal imperante en Chile, pero definitivamente no es el último. También ha sido remarcado que este momento podría entenderse estrictamente como un momento destituyente, motivado por la impugnación a la política formal. Una Constitución se define en gran parte por la forma en que configura la política institucional, por lo que las fuerzas que se oponen al neoliberalismo deben ser capaces de encauzar las justas demandas en contra del sistema político y económico imperante, sin que por ello renunciemos a la posibilidad de que la nueva Constitución efectivamente defina una política institucional distinta. 

En esta coyuntura histórica, la izquierda debe ser capaz de promover los principios que defiende con convicción y claridad. Con este objetivo, el presente número de TRAMA pretende ser una plataforma para el desarrollo de los argumentos que se disputarán en el proceso constituyente, a través de artículos que debaten sobre distribución del poder, derechos sociales, feminismo y derechos LGBTI+, reconocimiento de pueblos originarios, protección del medio ambiente, derecho de propiedad, principio de subsidiariedad, régimen político, fuerzas armadas, entre otros. 

Lamentablemente, el tiempo en que aprendimos sobre los cuentos del futuro no fue el más seguro. Pero el momento constituyente nos invita, después de 200 años de historia republicana, a acordar por primera vez lo que vendrá de manera democrática. Karl Marx ilustra la dualidad de nuestra situación en dos pasajes distintos. Por una parte, nos recuerda que “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como pesadilla la cabeza de los vivos”. De la misma manera, pero desde el lado del optimismo, nos invita a que, si todas y todos nos vemos formados por las circunstancias, formemos humanamente las circunstancias.

Ese es el desafío de Revista TRAMA, articular, pensar y construir las condiciones de posibilidad de un horizonte de desarrollo sustentable, justicia social e igualitarismo.