EDITORIAL

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Superar el neoliberalismo es un sentido anhelo de la izquierda. En Latinoamérica, los esfuerzos orientados a la construcción de modelos alterna- tivos han sido de dos tipos: por un lado, el mode- lo neodesarrollista, en países como Brasil y Ar- gentina; y por otro lado, el Socialismo del S. XXI, desarrollado en Venezuela, Ecuador y Bolivia. Con el aparente fracaso y la evidente debilidad de estos esfuerzos, parece cumplirse la profecía de Thatcher: “there is no alternative”. En este contexto, la pregunta por la posibilidad de aspirar a un modelo alternativo se hace urgen- te; y, sin embargo, el sentimentalismo nos hace olvidar que “hambre no es pan”. Desde la izquier- da, los esfuerzos intelectuales se han enfocado en visibilizar las problemáticas sociales, con el mero objetivo de generar una oposición a las políticas neoliberales. En este ejercicio, se constata con preocupación el vacío intelectual de la izquierda en materia económica; la que desde Marx, y los socialismos reales, no ha podido adecuarse orgá- nicamente al escenario económico actual.

precio de todo, y el valor de nada.

 


CECIL GRAHAM:Y un sentimental, mi querido Darlington, es un hombre que ve un valor absurdo en todo y no conoce el precio de una sola cosa.

Oscar Wilde,en “El abanico de Lady Windermere”

Por lo mismo conviene recordar el gesto de Marx, de comprender el carácter de la burguesía en su totalidad. En nuestro caso, solo al comprender cabalmente al neoliberalismo podremos enfren- tarlo exitosamente: transparentando sus presu- puestos será factible socavar su funcionamien- to; lo que tendrá como efecto la supresión del ideal político que realiza. Será entonces cuando el neoliberalismo estará en condiciones de ser superado.

Quizá algunos aprendizajes de este número serán útiles en esa tarea. Por lo pronto, puede comprenderse al neoliberalismo como un mode- lo particular de capitalistalismo. Se caracteriza, en primer lugar, por mercantilizar todas las re- laciones sociales, resultando segregadas según su precio de mercado; incluyendo aquellas que inciden directamente en la dignidad de las per- sonas, como los derechos sociales. En segundo lugar, por su extensión global. El ideal político que supuestamente realiza, a escala planetaria, es la “libertad de elegir” individualmente la “empresa” que será nuestra vida. Dado que todo en el mundo tiene un precio, somos libres de comprar nuestra felicidad: el neoliberalismo es el cinismo de Wilde llevado a la perfección.