Adversarios dentro y fuera del Partido Socialista:

Escrito por: Paula Astudillo

en disputa la existencia o no de un proyecto político

Según Martha Harnecker (Harnecker, 1979: 1) un partido revolucionario debe estar en contacto con los diversos sectores sociales, pero ser capaz de movilizarse como un solo hombre de acción. A su vez, debe discutir ampliamente su política, pero llevar a cabo en forma unitaria sus resoluciones. Debe mantener una disciplina revolucionaria y desarrollar la iniciativa de sus militantes. Debe dividir el trabajo entre sus miembros, pero al mismo tiempo coordinar las distintas tareas para dirigirlas hacia el objetivo final, todo bajo métodos de trabajo colectivo y no con métodos individualistas. Siguiendo e interpretando a Martha Harneceker, un partido debe ser una herramienta de transformación social.

En atención a aquel entendimiento, después de los últimos acontecimientos acaecidos en la agenda pública, para muchos hoy el Partido Socialista está atravesando una de las crisis más grandes que ha vivido desde la vuelta a la democracia, si es que no, la última. Hoy está en juego su existencia política. Si bien sigue existiendo en la forma, está en entredicho su capacidad para impulsar cambios sociales. Esto, por la carencia de un proyecto político transformador que se configure como una alternativa al modelo económico, político y cultural actual y que encarne las demandas del mundo social. Un partido político sin un proyecto político, sin una hoja de ruta, solo existe en lo formal y superficial, como un cascarón vacío que pierde toda capacidad de incidencia. Pero también, y sobre todo, por la pérdida de legitimidad después de los acontecimientos que salieron a la luz con posterioridad a las elecciones de su nueva directiva: vínculos con el narcotráfico para conseguir votos en las elecciones internas.

Estos sucesos son la consecuencia del actuar sistemático de las últimas directivas, que se dedicaron a debilitar la institucionalidad partidaria, por ejemplo, eliminando las elecciones primarias para elegir candidatos presidenciales, evitando la deliberación política en el Comité Central, no dando la cuenta correspondiente en el Congreso Nacional, no levantando actas de las Comisiones Políticas, influyendo en las decisiones del Tribunal Supremo, entre otros, Todo ello acarrea, como consecuencia, el poner en riesgo la supervivencia propia del partido. 

Inmediatamente después de leer aquellas afirmaciones, surge la pregunta sobre qué es lo que llevó a uno de los partidos con mayor adhesión social y cuyo papel en los cambios sociales producidos en el siglo XX fue protagónico, al estado actual. Y pareciera que la explicación a esta problemática, más allá de la crisis general de los partidos políticos, descansa en el hecho de que las últimas directivas del Partido Socialista lo vaciaron de contenido y de un proyecto político capaz de representar al pueblo socialista -no debemos olvidar que en base al Programa del 47’, el Partido Socialista tenía la pretensión de representar a la clase obrera y terminar con el sistema capitalista (Fundamentación Teórica del Partido Socialista, 1947)-. 

Lo ocurrido a comienzos del mes de julio, a propósito del reportaje que vinculaba al Partido Socialista con el narcotráfico, solo fue un claro ejemplo de cómo ha sido la política del Partido Socialista en los últimos años. A mi parecer, el problema de fondo no radica en la vinculación con el narcotráfico -que, en mi opinión personal, representa un problema marginal, aun cuando no menos importante-, sino en una dirección que trató de mantenerse en una posición de poder a costa de debilitar la institucionalidad y dejar de escuchar el clamor las y los socialistas. 

Así, en vez de asumir responsabilidades y buscar soluciones -como en el caso del ejemplo sería anular las elecciones y constituir una mesa interina cuya única finalidad fuese auditar el padrón y convocar a un escrutinio-, la apuesta de la mesa directiva fue esperar que la polémica en la agenda pública se apaciguara y aguardar ser electos nuevamente como mesa directiva en el Comité Central posterior a las elecciones, con votos de los que no se tiene seguridad de dónde provienen. Es decir, fingir que nada había pasado y omitir la magnitud del problema que hoy aqueja al socialismo chileno: tener una bancada de diputados gravemente cuestionada por la opinión pública, un partido que no responde a los requerimientos de la sociedad y que no propone alternativas al modelo actual, incluso votando a favor de proyectos que ahondan en la privatización de nuestros derechos, como es la reforma de pensiones del 4% impulsada por el gobierno actual de derecha.

Me he referido a los problemas internos que aquejan al Partido Socialista, y que se reflejan en su incapacidad para operar como una verdadera alternativa a un proyecto político neoliberal; esto es, como un genuino proyecto político de izquierda. Pues bien, a estas alturas de la argumentación, cabe preguntarse: ¿cuáles son los adversarios de un proyecto político de izquierda? ¿Qué está haciendo el Partido Socialista frente a ellos? ¿Hay, a su vez, dentro del Partido socialista adversarios?  

Ante la primera pregunta, aparece una primera respuesta bastante clara: el adversario de la “izquierda chilena” es un gobierno de ultraderecha cuya meta política es relegitimar el modelo neoliberal que pareció ponerse en peligro después del segundo gobierno de la Nueva Mayoría gracias a los cambios exigidos por los movimientos sociales, cambios que apuntaban a los propios cimientos del modelo, como lo fueron el movimiento estudiantil del 2011, la coordinadora No + AFP y la movilización feminista. La agenda relegitimadora del gobierno actual se manifiesta en distintas expresiones: en el intento por desmantelar la educación pública, por ejemplo, a través del ataque e intimidación sistemática a los estudiantes de colegios municipales; en la reforma al sistema de pensiones; en un esquema tributario donde las empresas no pagan impuestos; en la aprobación de tratados económicos internacionales que ponen en riesgo el medio ambiente; o en una agenda mujer que mantiene los roles tradicionales de género.  

Pero aquella primera pregunta también tiene, a mi parecer, una segunda respuesta no tan evidente y que pocas veces se menciona, seguramente por la incomodidad que genera al interior de la “oposición”: también se configura como adversario de un proyecto político de izquierda la propia izquierda carente de un programa político con definiciones acerca de cómo enfrentar a la arremetida neoliberal. Y aquí el Partido Socialista ha sido uno de los principales responsables, tras haber impulsado en sus gobiernos post dictadura transformaciones que para la ciudadanía de poco o nada sirvieron, transformaciones fútiles, que generaron una sensación de desilusión respecto de los deseos transformadores y de las promesas levantadas por los partidos políticos que se situaban en el ala izquierda, trayendo aquello como consecuencia una fuerte despolitización. Pero además, y paradójicamente, bajo una política de mantención del sistema impuesto por el régimen dictatorial, intentando ponerle “rostro humano”, colaboraron con desmantelar la organización social y enclaustraron la política en las paredes del Congreso y en columnas de opinión en los diarios. Como sostiene Chantal Mouffe en su libro En Torno a lo Político(Mouffe, 2007: 9-10), creo que lejos de contribuir a una democratización de nuestro sistema político, aquellos que creen que la etapa del desarrollo económico–político que hemos alcanzado constituye un gran progreso para la humanidad, que hemos ingresado a una segunda modernidad en la que individuos liberados de vínculos colectivos pueden ahora dedicarse a cultivar una diversidad de estilos de vida, exentos de ataduras, y que con el debilitamiento de las identidades colectivas resulta ahora posible un mundo sin enemigos; son la causa de muchos de los problemas actuales.

En otras palabras, el Partido Socialista se ha caracterizado por impulsar una política que colaboró con la despolitización y el desmantelamiento de la organización social a través de varias conducciones, que luego de impulsar transformaciones que poco o nada cambiaban en lo sustancial el modelo, renunciaron a tomar decisiones políticas y a escuchar a los movimientos sociales por conformidad con el sistema actual. Como lo menciona Fernando Atria en su libro Neoliberalismo con Rostro Humano (Atria, 2013: 4), con la Concertación se creó un sistema institucional incapaz de responder a las demandas reales de cambio, “siendo aquello una expresión del paradigma de la neutralización de una clase política cerrada sobre sí misma e incapaz de ver más allá de sus narices”.

La situación actual del Partido Socialista hace que éste se presente como un adversario a un proyecto político de izquierda tanto dentro como fuera de la institución misma, y que se presente como un ejemplo de los males de los cuales no puede contagiarse la izquierda chilena si es que tiene la pretensión de ser una alternativa de superación del modelo neoliberal. Y, ¿qué pasa dentro de la estructura orgánica del Partido más allá de su primera línea? La despolitización y el clientelismo como práctica habitual del Partido Socialista y el destape de la situación de San Ramón no solo han traído consecuencias negativas, sino que también han generado el efecto positivo de unificar a la oposición dentro del partido y crear con ello un adversario que se levanta con un proyecto político de disputa, tanto dentro como fuera de la institución partidaria, y propone un proyecto país.Si bien pareciera que nada ha cambiado desde el Memorándum que escribiera Clodomiro Almeyda (Almeyda 1990: 1)haciendo un llamado a la militancia a enfrentar la crisis orgánica de entonces, hay una pequeña esperanza en que se ha abierto una oportunidad para devolver al partido a su rol histórico.

Bibliografía

  1. Almeyda, Clodomiro (1990): Sobre la dimensión orgánica de las crisis de los partidos de izquierda tradicionales. 

  2. Atria, Fernando. (2013): Veinte años después: Neoliberalismo con Rostro Humano. Santiago: Catalonia.

  3. Harnecker,Marta. (1972): El Partido: Su organización. Chile: Editora Nacional Quimantú.

  4. Mouffe, Chantal. (2007): En torno a lo político. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

  5. Fundamentación Teórica del Programa del Partido Socialista (1947).

Paula Astudillo Nazal:

Egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile (2019). Militante de la corriente de pensamiento Izquierda Socialista de la Juventud Socialista. Presidenta del Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.