El Populismo de Izquierda como práctica política: potencialidades y límites

9 octubre, 2017

Categorías: artículos, Artículos

Desde hace varias décadas la izquierda en crisis política tiende a enamorarse de ciertos avances políticos de muy distinto tipo. Así es posible mencionar en las últimas dos décadas al zapatismo, el Foro Social, los gobiernos bolivarianos, y los distintos movimientos de “indignados” de 2011. Dicho enamoramiento suele conducir a elevar estos casos particulares al nivel de paradigma: en los últimos 40 años de crisis y dispersión la izquierda acaso ha aumentado su tendencia a la proliferación de “ismos”.

El “ismo” de nuestra década, abierta por las movilizaciones sociales de 2011, parece ser el populismo. Esto es a priori llamativo, habida cuenta que el término no es nuevo. Parte de las razones de este “revival” populista se deben ciertamente a la declarada emergencia de un “nuevo populismo” encarnado supuestamente en la práctica de Podemos en España. La izquierda que está empeñada en la construcción del Frente Amplio (FA) ha tomado debida cuenta de este fenómeno y ha establecido con dicha experiencia una suerte de familiaridad, al punto que Podemos figura en los discursos de la política nacional como una suerte de “fantasma” referido ya como promesa ya como amenaza por partidarios y detractores del FA.

Estas líneas pretenden examinar el caso de Podemos para establecer ciertas tesis sobre el populismo, útiles a la izquierda chilena empeñada en la construcción del FA. Pretendemos hacerlo de un modo distinto a la forma usual en que los análisis de este caso suelen hacerse: en la primera parte, comenzaremos con un análisis de ciertos períodos particulares de existencia de la formación española. De esto intentaremos establecer ciertas conclusiones sobre el proceso político de Podemos. Luego, la segunda parte discutirá estas conclusiones a la luz de la teoría en la que se suele rotular (el “populismo”). Acá nos interesa discriminar entre elementos de carácter contingente a la situación de Podemos y otros más bien propios de la teoría populista que no necesariamente encuentran un correlato en la práctica concreta de nuestro caso. Finalmente presentaremos conclusiones, planteadas en forma de tesis políticas, que creemos adecuadas para ser adoptadas por la izquierda chilena que articula el FA.

El carácter de esta reflexión es fundamentalmente teórico-estratégica. Esto se debe a una convicción que nos hemos formado sobre muchos de los debates presentes en la izquierda chilena sobre casos como el de Podemos: se asume una coherencia entre las dimensiones filosófica y estratégica que no siempre es real e incluso, cuando se da, no ocurre de manera directa. Esto lleva a análisis que corren al menos dos riesgos: extraviar elementos concretos de un caso dado el empeño de juzgar un concepto; y también descartar rápidamente una teoría en virtud de elementos contingentes que no se compadecen con aquella.

Podemos: Un Populismo de “momentos”.

Pueden establecerse tres momentos diferentes de la historia de la formación: el primero va desde su fundación (Enero de 2014) hasta las elecciones generales de Junio de 2016; el segundo, hasta “Vistalegre 2” (Febrero de 2017); y el tercero desde entonces hasta el presente. Solo el primero es un período donde la teoría “populista de izquierda” presenta un protagonismo relevante aunque no exclusivo. Este período coincide con el ascenso en la Dirección de la figura de Iñigo Errejón. El segundo es, en cambio, un período de transición marcado por la creciente tensión entre la “tesis errejonista” contra la “tesis pablista” que concluye con la derrota de la primera, la salida de Errejón de la primera línea del movimiento y un giro estratégico relevante que da inicio al tercer período en curso.

Podemos es presentado a la opinión pública en Enero de 2014. La forma es un manifiesto titulado Mover ficha: convertir la indignación en cambio político.

[1] De esta declaración se pueden hacer algunas observaciones: primero, la referencia constante a la casta durante el período muestra la fuerte influencia del populismo; segundo, el acento está puesto en el “asalto a las instituciones” pues el terreno de la movilización social se revela insuficiente para conseguir transformaciones; tercero, el propósito consiste en la profundización de la democracia.

El hito que lanza a Podemos a la primera línea de la política española es su resonante debut electoral: 7,98% y 5 escaños en el Parlamento Europeo. Desde entonces sucesivas encuestas lo sitúan entre los favoritos para las Autonómicas y para las Generales de 2015. Este es el período en que comienzan a viralizarse discursos de Iglesias y Errejón en redes sociales. La política comunicacional parece adquirir una dimensión desconocida para la izquierda desde experiencias como La Tuerka, HispanTV o apariciones de los líderes “podemitas” en programas de TV, en los que responden con originalidad argumentos y preguntas tendenciosas semejantes a las acostumbramos en los medios nacionales.

En medio de este auge comunicacional, el partido aprueba en la Asamblea Ciudadana Vistalegre un documento político titulado Claro que Podemos,[2] que establece la ruta para el periodo electoral que se aproximaba. Si seleccionamos los elementos estratégicos más relevantes del documento podemos establecer los puntos teórico-estratégicos centrales de la primera época de Podemos: 1) caracteriza la existencia de una “crisis de Régimen” en España, la cual abriría una “ventana de oportunidad histórica”;[3] 2) establece que la crisis de Régimen que sustenta el neoliberalismo no implica el retorno de las viejas identidades políticas destruidas con su victoria, descartando una “política de clase”;[4] 3) critica severamente a la “izquierda tradicional” imputándole “un rol conservador”; 4) critica en similares términos a la izquierda “movimientista” articulada en torno a “lo social”,[5] estableciendo la necesidad de un “salto a las instituciones”; 5) caracteriza la “crisis de Régimen” como una donde no está en juego la autoridad del estado (no es una “situación revolucionaria”), sino el carácter de la democracia.[6]

El ascenso institucional del partido se consolida en Mayo de 2015: las Autonómicas ratifican a Podemos como la tercera fuerza política y obtiene victorias municipales en Madrid y Barcelona. En las Generales de Diciembre de 2015, en coalición con agrupaciones regionales afines, obtiene en total un 20,68% del voto para Diputados y 69 escaños. Dado el sistema electoral, en que la mayoría del Congreso forma Gobierno, queda planteada una situación de parálisis en que solo una compleja coalición de PSOE, Podemos, IU y partidos autonómicos menores pueden formar Gobierno. La propuesta fue elevada por Iglesias al PSOE siendo rechazada lo cual, sumado a otros sucesos, forzó nuevas Generales a realizarse en Junio de 2016. Ante este escenario Podemos establece una coalición con IU denominada Unidos Podemos. Su resultado en esta elección arroja un 21,15% de los votos y 71 diputados, perdiendo 500 mil votos en relación a la suma de Podemos e IU en Diciembre. La coyuntura de estancamiento acaba cuando la camarilla histórica del PSOE realiza un golpe interno contra el líder del partido, Pedro Sánchez, y permite la elección de un nuevo gobierno del PP.

Se observa entonces que el resultado de este período concluye con un Podemos que no consigue su objetivo estratégico de “superar el Régimen del 78”, pero también se establece con fuerza en las instituciones y hace colapsar al PSOE. Dado esto, el segundo periodo de Podemos es uno de tensión entre dos tesis: la defendida por Errejón y la de Iglesias. En la Asamblea Vistalegre 2 (Febrero de 2017) se impone con claridad la segunda, lo que culmina con un viraje estratégico en el que la acción política de Podemos tiene una menor influencia de la “teoría populista”.

Dicho viraje es lo que define el tercer período en curso. El documento ganador plantea varios elementos: 1) reconoce vigente el diagnóstico de “crisis de régimen” pero al mismo tiempo caracteriza el Gobierno de Rajoy como “fuerte”; 2) Esto configuraría un escenario de “segunda transición” en el que un “bloque de restauración” (PP-PSOE-Ciudadanos) se enfrenta a las fuerzas de cambio; 3) Estas últimas debieran generar un “bloque social y popular” que “no se subordine a la lógica institucional”, luchando “desde afuera”.[7]

Hecho este repaso de las definiciones políticas de Podemos es posible establecer algunas conclusiones. Primero, en ninguno de estos períodos el populismo es la inspiración exclusiva del movimiento y, de hecho, en el último período se trata de una posición de minoría. Solo en el primer período el populismo es la corriente teórica más influyente en el partido, e incluso entonces puede reconocerse influencias ideológicas de corte republicano, socialdemócrata, socialista e incluso liberales. Segundo, el elemento propiamente populista influyente en el primer período es aquel que establece una distancia con la izquierda tradicional. Este elemento ha sido dejado de lado en el último período en favor del posicionamiento de Podemos en la izquierda. Tercero, un elemento clave del primer período es la apuesta por las instituciones, el cual ha sido abandonado ahora por la primacía de “lo social”. Cuarto, esto se articula con el abandono de una actitud “ofensiva” característica del primer período por una de “resistencia” que, sin embargo, conserva la perspectiva de ganar el Gobierno en 2020.

El populismo en Podemos: aportes e insuficiencias

Lo dicho puede resumirse así: la experiencia de Podemos no equivale a populismo de izquierda, de modo que la crítica de una no equivale a la crítica de la otra y viceversa.[8] De la evolución estratégica de Podemos, la conclusión es que está cruzado por influencias distintas y en el último tiempo tiende a abandonar aquellas populistas que marcaron su primer período. Entonces el problema es más bien cuál es la versión “podemita” del populismo que primó en un determinado período y en qué se distingue de la versión filosófico-política de Laclau-Mouffe.

Respecto a lo primero, es necesario comprender que el “populismo de Podemos” se caracteriza por estar planteado en un nivel teórico-estratégico más que filosófico-político. En otras palabras, la teoría “podemita” es una del “momento populista”,[9] estratégica en tanto caracteriza una situación coyuntural determinada con condiciones coyunturales de posibilidad. Estas coyunturas nos dicen algo sobre la validez de una filosofía política pero no nos autoriza a descartarla del mismo modo que, por ejemplo, un juicio negativo sobre la política de “frentes populares” en el siglo pasado no nos lleva necesariamente a descartar el marxismo.

Pues bien, ¿cuáles son los elementos centrales de la teoría del “momento populista”? Primero, un rechazo de las lecturas políticas de la izquierda tradicional, marcadas por una “política de los sujetos” identitaria y tautológica, en favor de una “política de los discursos” entendida como “prácticas discursivas”.[10] De acuerdo al derrotado documento de Errejón, “la unidad del pueblo es más radical, exigente y transformadora que la unidad de las izquierdas”.[11] Esta perspectiva traduce al terreno estratégico la idea de “indeterminación de lo político”, de la cual participa el populismo pero no es necesariamente populista. Es una idea poderosa pues, incluso si postulamos la prioridad de lo social en relación a la presencia institucional, deberemos acordar que su efectividad política no está dada por ser sujetos preconstituidos, sino que se construye en la articulación coyuntural de las identidades diversas de una multitud.

Sobre este elemento es necesario decir algo más. Una de las críticas que se ha hecho al populismo es que con la idea de “ir más allá de la izquierda” estaría reproduciendo las mismas lógicas de mercado en la política que se supone que intenta superar.[12] Nuestra percepción es la contraria: las ideas de izquierda y derecha son meras orientaciones referenciales que en sí mismas no tienen contenido, se trata de señas político-culturales de identidad, de modo que es quedarse en ellas lo que realmente perpetúa las lógicas de mercado político. Creemos que en este punto el populismo aporta una lección necesaria.

El segundo punto mencionado por Errejón trata de un rechazo de la idea que “hay una verdad dura y rotunda que debe ser proclamada, y que proclamarla conduce necesariamente a la victoria”. El populismo da otro paso adelante posicionándose contra una idea muy instalada en la izquierda del siglo pasado: el mito de la “victoria final”. En realidad, la construcción de hegemonía opera mediante la construcción de consenso, que supone un horizonte de reconocimiento del adversario y de aquellos que no se identifiquen con lo mismo que nosotros. Sin aquel horizonte nos parece complejo evitar la pulsión autoritaria que padeció gran parte de la izquierda en el siglo pasado.

Finalmente Errejón menciona el carácter constituyente en contra de las políticas “destituyentes”. De lo que se trata es de hegemonizar el orden (otro orden) y no la excepción: fundar un “plebs que ha de volverse populus”. Siendo una intuición interesante, creemos que en este punto la teoría del momento populista presenta un par de debilidades importantes que es necesario abordar.

Por una parte, una cosa que caracteriza a los estados nacionales bajo el neoliberalismo es que están estructuralmente orientado a actuar para asegurar el funcionamiento del mercado en todos los espacios sociales: este es su raison d’État.[13] Entonces lo que hay que pensar es cómo sería posible hegemonizar un orden “otro” desde una institucionalidad construida para operar con objetivos completamente distintos.[14] En eso la reflexión populista parece débil.

Otra debilidad igual de importante tiene que ver con el proyecto sustantivo del populismo: los subordinados no pueden constituir del mismo modo que constituyen los dominantes. Esto es central y hasta cierto punto es reconocido por los mismos partidarios del populismo, que refieren permanentemente a significantes clave como “democracia radical” o “democracia sustantiva”.[15] Si esto es así entonces hay un momento previo al “momento populista”: un “momento normativo” en el que tenemos que preguntarnos qué es exactamente la democracia radical a la que aspiramos, cómo articula representación y participación, soberanía popular y DDHH, etc. Finalmente se trata de preguntarse qué es para nosotros y cómo funciona la no dominación.

Tal es para nosotros la principal falencia de la teoría del momento populista. Dicho teóricamente, aquella es todavía presa de una interpretación decisionista de la soberanía popular: una teoría de la “persona”, con la cual se hace complejo evitar derivas autoritarias como las de la izquierda tradicional. La pregunta de por qué la persona-pueblo debiera gobernar democráticamente o por qué el socialismo debe ser democrático solo puede ser respondida desde una teoría del “gobierno de la ley”. Una intuición en esa dirección, por ejemplo, es aquella según la cual una democracia que no reconozca derechos sociales no es sustantiva.

Estos problemas no son solo ideológicos, también estratégicos: incluyen cuestiones filosóficas, políticas, sociales y económicas: nuestro proyecto está en construcción al andar, y por ello es clave reflexionar adecuadamente sobre el “momento populista” desde Chile.

El Frente Amplio y el “momento populista”: cinco tesis.

La experiencia de Podemos y la teoría del “momento populista” pueden enseñar a la izquierda empeñada en la construcción del Frente Amplio cinco tesis.

  1. El FA hace bien con trascender la izquierda y buscar la incorporación de otros sectores. La contradicción capital-trabajo no es la única forma de dominación a superar. No se trata de rechazar ni condenar la izquierda tradicional: se trata que deje de ser la medida con la cual calificamos el carácter transformador de nuestro proyecto. No puede ser tal medida un término que es tan indeterminado y sin contenido como cualquiera de los que se le imputan al populismo.
  2. Un desafío fundamental del FA es dotarse de “densidad histórica”. Una clave para ello es articular conceptos que definan ideológicamente su práctica política y expresen su manera de entender el poder. Solo con conceptos con contenido es posible lograr dicha densidad. Términos indeterminados o negativos como “izquierda”, “antineoliberalismo” o “anticapitalismo” no logran esta función.
  3. El concepto que más cerca se encuentra de conseguir lo planteado en el punto anterior es el de democracia. Y una idea radical de democracia es una que define el poder del pueblo como “el poder de juzgar al Estado, de hacer un uso público pero extra-estatal de la razón en contra de las razones de la gubernamentalidad y de la soberanía”.[16]
  4. Esto requiere pensar y practicar la “democracia social”, sin la cual la democracia radical es imposible. Tal desafío implica defender los derechos sociales, pero esto es insuficiente. Hasta ahora el FA no ha hecho lo necesario por democratizar las organizaciones sociales del mismo modo a como apuesta a hacerlo con las instituciones. Sin esto es imposible lograr verdadera densidad histórica.
  5. Lo anterior implica ciertamente asumir el desafío de reconstruir el estado. Para esto la política “constituyente” recomendada por Errejón es necesaria pero insuficiente. Se trata de pensar y practicar un estado vinculado orgánica y no soberanamente con la comunidad porque construir tal estado es una manera (no la única) de contribuir a regenerar el tejido social. Una sociedad re-encontrada en una comunidad política (el neoliberalismo nos lega sociedad, mas no comunidad) implica una nueva manera de pensar la República.

 

Bibliografía

Errejón, I. (19 de 04 de 2017). Occidente en su momento populista. Obtenido de Contexto y acción: [http://ctxt.es/es/20170419/Firmas/12306/populismo-izquierda-errejon-le-pen-trump.htm].

Errejón, I. (19 de Febrero de 2017). Recuperar la Ilusión. Obtenido de 20 minutos: [http://www.20minutos.es/noticia/2932684/0/borrador-errejon-vistalegre-ii/].

Fielbaum, A. (14 de Noviembre de 2016). El momento populista y los populismos del momento. Obtenido de Red Seca: [http://www.redseca.cl/6620/].

Figueroa, F., & Thielemann, L. (2015). La Encrucijada de Podemos y el Límite de su Hipótesis Populista. Cuadernos de Coyuntura, 49-58.

Foucault, M. (2007). El Nacimiento de la Biopolítica. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2013). El Orden del Discurso. México: Tusquets.

Iglesias, P. (08 de 06 de 2016). ¿Hacia una cuarta socialdemocracia? Obtenido de Público: [http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/1058/una-cuarta-socialdemocracia/].

Iglesias, P. (12 de Febrero de 2017). Plan 2020: Ganar al PP, gobernar España, construir derechos. Obtenido de Podemos Info: [https://files.podemos.info/HihzerN5Ev.pdf].

Iglesias, P., Errejón, I., & Monedero, J. C. (19 de Octubre de 2014). Claro que Podemos. Obtenido de Slideshare: [https://es.slideshare.net/BeatrizBarriocanalTalavera/documento-poltico]

Monedero, J. C. (12 de Enero de 2014). Mover ficha: convertir la indignación en cambio político. Obtenido de Público: [https://www.scribd.com/doc/199563121/Manifiesto#fullscreen&from_embed].

Mouffe, C. (1999). El retorno de lo político. Barcelona: Paidós.

Valenzuela, N. (07 de 09 de 2016). ¿Y si un Frente Amplio gobernara Chile? Obtenido de El Desconcierto: [http://www.eldesconcierto.cl/2016/09/07/y-si-un-frente-amplio-gobernara-chile/].

Vatter, M. (2012). Continuidad y resistencia: ensayos de teoría democrática radical. Santiago: Ediciones Universidad Diego Portales.

 

[1] (Monedero, 2014, pág. 2).

[2] (Iglesias, Errejón, & Monedero, 2014).

[3] (Iglesias, Errejón, & Monedero, 2014, pág. 2).

[4]  (Iglesias, Errejón, & Monedero, 2014, pág. 3).

[5]  (Iglesias, Errejón, & Monedero, 2014, pág. 3)

[6]  (Iglesias, Errejón, & Monedero, 2014, pág. 4)

[7] (Iglesias, 2017, pág. 28)

[8] Lo escrito en Chile sobre Podemos no siempre asume esta distinción. (Figueroa & Thielemann, 2015), por ejemplo, asumen que las contradicciones de la política de Podemos en su primer período que ellos creen detectar les faculta directamente para desechar no ya a Laclau, sino que al giro lingüístico en ciencias sociales.

[9] (Errejón, 2017)

[10] (Foucault, 2013)

[11] (Errejón, 2017, pág. 12)

[12] (Fielbaum, 2016) lo hace en un artículo que por lo demás es excelente y contiene críticas muy atingentes al populismo.

[13] (Foucault, 2007)

[14] (Valenzuela, 2016) hace una excelente reflexión sobre este punto en el caso de Chile.

[15] (Mouffe, 1999) incurre en esto sin resolver el problema. En el ámbito político, (Iglesias, 2016) también lo reconoce cuando explora la idea de una “cuarta socialdemocracia” para Podemos.

[16] (Vatter, 2012, pág. 29)

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