Lo popular y el populismo: Desafíos para la profundización de los procesos de cambio en América Latina

8 octubre, 2017

Categorías: artículos, Artículos

Con el ascenso de Chávez al poder el 1998 se da inicio a un ciclo de gobiernos progresistas y de izquierda, todos antecedidos por amplios procesos de movilización popular y cuestionamiento a las políticas de ajuste impulsadas por gobiernos neoliberales. El ascenso al poder estatal de alianzas populares heterogéneas en su composición en diversos países (Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Uruguay, Paraguay, entre otros) marcó la tónica de lo que se denominó en su momento como ciclo progresista.

En los años recientes y en una situación de estancamiento, se ha vuelto a abrir un debate sobre el curso futuro de los procesos. Lo anterior en un contexto de aumento de la movilización social, rearticulación de las derechas y ajuste geopolítico (declive de EEUU y preponderancia de China). Si las derechas (en sus variantes discursivas conservadoras, liberales, socialdemócratas u otras) se han adelantado a decretar el fin terminal de un ciclo, el debate de las izquierdas presenta diversas posiciones que vuelven a abrir una tensión estratégica en torno a las formas de conducir los procesos de enfrentamiento al neoliberalismo y construcción de alternativas de gobernanza desde abajo.

Las posiciones en el campo de la izquierda latinoamericana se sitúan sobre dos grandes tensiones: el tratamiento de las contradicciones fundamentales y antagónicas entre los gobiernos populistas realmente existentes versus EEUU y las oligarquías nacionales; y sobre las contradicciones que se generan en el seno de las alianzas populares (como la tensión entre movimientos indígenas y ecoterritoriales en contra de las políticas neo extractivistas). Además, el tratamiento de estas contradicciones está marcando los términos de enfrentamiento a escala continental y con los que tendrá que lidiar todo proceso que se inserte en una eventual segundo ciclo de luchas políticas continentales.

¿Qué es populismo?

Es la creciente conciencia en el campo del debate de las izquierdas latinoamericanas sobre el carácter bicéfalo del populismo lo que ha impulsado una mirada más compleja. Existiría un tránsito desde formas de apropiación heterónomas del concepto dominado por lecturas descalificadoras, a la coexistencia de diferentes modos de apropiación: positivos, negativos, bivalentes (Svampa, 2016).

La obra de Ernesto Laclau aparece como un referente ineludible al momento de profundizar este debate. Si bien su posicionamiento como intelectual vinculado a procesos políticos surge al alero de la política peronista de los Kirchner, su obra ha resultado de relevancia para líderes de la izquierda europea. La base del populismo descrito por Laclau es la división antagónica de lo social en dos campos: pueblo y bloque en el poder. De esta forma, la “ruptura populista” articula tres dimensiones: (i) la equivalencia de demandas insatisfechas; (ii) la cristalización de todas ellas en torno a ciertos símbolos comunes y; (iii) la emergencia de un líder que encarna esta identificación popular.

La conformación de un sujeto popular no se daría por la sumatoria entre elementos anteriores, sino como un proceso de articulación (cadena de equivalencias entre demandas subalternas) que reconfigura esos mismos elementos. De esta forma, se renuncia a una aproximación que explique de manera sistemática la relación entre estructura (formación económico social) y proceso de formación de actorías políticas populares. Si bien el trabajo de Laclau tiene la virtud de volver a situar un debate teórico-político sobre el populismo, nos parece cuestionable como herramienta teórica por los siguientes motivos:

  1. Al situar el populismo como una “lógica social que atraviesa una variedad de fenómenos” y como “un modo de construir lo político” (Laclau, 2015) la categoría es tan amplia que no permite diferenciar fenómenos políticos disímiles.
  2. La renuncia a una teoría política que articule sistemáticamente la tríada entre estructuras de las sociedades latinoamericanas estructura de clases y formación social y política de agentes subalternos, tiende a reducir la acción de los actores colectivos a una dimensión estrechamente política.
  3. Al no diferenciarse en términos sustantivos entre la noción de pueblo y el populismo, se oscurece un punto central que atraviesa el debate sobre la “cuestión popular” en las izquierdas: ¿cómo es que el pueblo (en su proceso de articulación social diverso en torno a demandas democráticas y configuración de una identidad popular) es capaz de diferenciarse y combatir las tendencias estatalistas y burocráticas asociadas a la vía populista?

El pueblo, lo popular y el populismo

Para Dussel si bien la construcción del pueblo pasa por un fenómeno de reivindicación lingüística de reivindicaciones democráticas, no puede ser reducido a una forma de articulación lingüística. Es bajo determinadas condiciones estructurales (dependencia); políticas (crisis de legitimidad profundas de los proyectos dominantes); y sociales (reivindicaciones democráticas de los movimientos sociales populares) que puede emerger este actor. El pueblo es así un bloque de los oprimidos como sujeto colectivo e histórico, con memoria de sus gestas, con cultura propia y con continuidad en el tiempo (Dussel, 2010). Es el disenso popular (cuya incubación puede durar largos periodos de tiempo) la que lleva a movilizar un cuestionamiento de la hegemonía imperante y la construcción de alternativas políticas expresadas lingüísticamente como reivindicaciones democráticas (Dussel, 2012). De esta forma, el pueblo es un fenómeno ontológicamente (y en parte cronológicamente) anterior al populismo.

Los movimientos sociales expresarían en este proceso la conciencia del pueblo en acción política transformadora, jugarían el rol de tejido activo intersticial que une y permite hacerse presente como actor colectivo en el campo político al “bloque social de los oprimidos y excluidos”.

Para Dussel, la disyuntiva por la que atraviesan los procesos de construcción popular en Latinoamérica dice relación con la forma en la que en un contexto de disputa nacional e institucional, el pueblo podrá ejercer obediencialmente el poder como bloque. Poder obediencial entendido como ejercicio colectivo y popular del poder político, social y económico en un contexto populista donde la unidad del bloque se encuentra atravesada por el rol articulador que juega el líder. El poder obediencial es referenciado como la forma más pura de la autonomía política: “la forma de una conciencia popular en sí y para sí” (Dussel, 2012).

Para la construcción de una tipología del fenómeno populista

Maristella Svampa aporta interesantes categorías para el análisis de los populismos realmente existentes en el actual ciclo latinoamericano. En primer término, caracteriza el populismo como una matriz sociopolítica, o sea como líneas directrices que organizan el “modo de pensar la política y el poder, así como la concepción acerca de la organización y el cambio social”. Dicha matriz al operar al nivel simbólico requiere de ciertos elementos presentes en la “memoria mediana” de los pueblos latinoamericanos (la experiencia nacional popular en sus diversas variantes), y se sostiene sobre el triple eje de: la afirmación de la nación; el Estado redistributivo y conciliador; la relación entre liderazgo carismático y el pueblo

A su vez, la articulación popular en clave populista supondría ciertos momentos por los que atravesaría la conformación de alternativas populares:

  1. Tensión entre la aceptación de la legitimidad de la democracia representativa y la búsqueda de nuevas fuentes de legitimación por los cuales encauzar los flujos de la asociatividad popular. El que se requiera ampliar los canales de participación popular y se busque acortar la distancia entre representantes y representados, se explicaría por el enorme desgaste que las democracias latinoamericanas han sufrido tras décadas de gobiernos autoritarios, seguidos o combinados con formas de privatización de la vida asociados al giro neoliberal.
  2. El populismo entiende la política y se constituye en términos de polarización y de esquemas binarios, cuyas consecuencias al nivel del tratamiento de las contradicciones en el seno del pueblo se expresa de la siguiente forma: selección y jerarquización de determinados antagonismos y, por ende, administración o silenciamiento de sus condiciones de politicidad y de su participación en la gestión de lo común.
  3. La conformación de un tipo de hegemonía del bloque popular donde existiría una tensión peligrosa entre lo democrático (participación popular) y lo no democrático (diversos mecanismos estatales para el fortalecimiento del poder del líder o de su grupo de apoyo en desmedro del fortalecimiento de la autonomía de las fuerzas populares). El desarrollo de las tendencias no democráticas tiende a la configuración de un fenómeno denominada por la autora como unanimismo, este se configuraría en la tendencia a reconocer una unidad entre los intereses del líder y los del pueblo.

Balance

El análisis debe tener en cuenta el carácter bicéfalo del populismo, esto es la existencia de una base popular que tiende a demandar u organizar vías de expresión plebeyas, participativas y populares en la orientación de los procesos y por otra, las expresiones de carácter autoritarias en el ejercicio del liderazgo y la acción estatal frente al tratamiento de las contradicciones en el seno del pueblo.

En términos esquemáticos y a riesgo de simplificar demasiado el objeto de análisis, podemos reconstruir el primer momento del curso de acción de las alianzas populares que impulsaron gobiernos populistas en los siguientes términos:

  1. Procesos de movilización popular en oposición por las agendas privatizadoras de gobiernos neoliberales con bajos niveles de legitimidad.
  2. Ascenso a alianzas de gobierno a partir del aprovechamiento de la ventana de oportunidad generada por estos dos elementos, proceso que va de la mano de una fuerte impugnación a las fuerzas políticas oligárquicas existentes.
  3. Consolidación de alianzas de gobierno en alianzas estatales más o menos permanentes, existiendo diversos niveles en los procesos de socialización de la acción política y democratización de la acción estatal.
  4. Fortalecimiento de la soberanía nacional a partir de procesos de renacionalización más o menos profundo de bienes comunes naturales, procesos de renegociación de la deuda externa y despliegue de estrategias de captura de parte de la renta generada por las grandes empresas y el capital trasnacional.
  5. Políticas de redistribución que disminuyeron la pobreza y que alteraron con diversa intensidad los niveles de desigualdad económica.

Es en este primer momento o fase de ascenso, instalación y consolidación, donde se comienza a cristalizar la “ruptura populista” (afianzamiento de la relación entre la alianza y el líder, desarrollo de la polarización pueblo/élite y delineamiento de la forma que asume la hegemonía).

Entre la reproducción y la transformación

El ascenso y consolidación de las alianzas de poder es un proceso complejo, en determinadas experiencias nacionales tuvo que superar golpes de Estado e intentos de políticas separatistas. Este colocó a prueba la consistencia, unidad y capacidad de respuesta a los diversos intentos de desestabilización de las oligarquías nacionales en alianza con el gobierno de EEUU. A su vez, hizo necesario el generar condiciones económicas para cumplir con las demandas de democratización y acceso a derechos que formaban parte de las promesas que originaron el bloque en el poder.

El ascenso de gobiernos populistas en Latinoamérica coincidió con el boom de los commodities, lo que permitió que tanto los gobiernos neoliberales como progresistas contaran durante buena parte de las últimas décadas con una nutrida capacidad financiera, cuestión que en el caso de los gobiernos progresistas permitió avanzar hacia una agenda de derechos sociales. Bajo el concepto “Consenso de los Commodities” (Svampa M., 2013) se busca caracterizar esta situación como la permanencia e intensificación de una estrategia de acumulación capitalista que atraviesa todas las economías latinoamericanas.

De esta forma las tensiones que abrió esta nueva etapa pueden ser comprendidas de la siguiente manera:

  1. La nueva situación económica tuvo como contracara que China se convirtiera en el principal consumidor de materias primas latinoamericanas. La actualización de las condiciones de dependencia, ahora ante al gigante asiático contiene una encrucijada. Por un lado, el contar con un aliado comercial en un contexto de diversos niveles de confrontación con la principal economía del mundo, significó un alivio para estos gobiernos. Alivio que al mismo tiempo implicó una reactualización de las condiciones de dependencia, las cuales podrían haberse negociado de manera conjunta entre varios países latinoamericanos, pero que se terminaron cerrando en acuerdos comerciales bilaterales.
  2. El proceso de re primarización de la economía vino acompañado de drásticos cambios en las dinámicas de explotación sobre los territorios, reproduciéndose procesos de acumulación originaria a través de diversos mecanismos de desposesión. Mega inversiones que reeditan las denominadas economías de enclave; pérdida de la soberanía alimentaria de la mano de producciones agrícolas a gran escala destinadas a la exportación de alimentos para el consumo animal o la producción de biocombustibles; y privatización de las semillas, son algunas consecuencias de esta dinámica.
  3. El anterior proceso ha generado resistencias de comunidades territoriales e indígenas quienes, a través de procesos de movilización social acompañados de cuestionamientos a las concepciones de desarrollo, han abierto un flanco de división, esto es una contradicción no adecuadamente resuelta en el seno del pueblo. Es en estas coyunturas donde se puede comprender con mayor profundidad las limitaciones que pueden surgir en el contexto populista. Por un lado, la polarización central termina desplazando las organizaciones indígenas y campesinas que cuestionan los efectos devastadores sobre sus comunidades y los ecosistemas. Similar invisibilización ocurre con las demandas indigenistas, feministas, de la diversidad sexual y socioambientales, las cuales son medianamente incorporadas o derechamente ignoradas, permitiendo la coaptación de dichas banderas en clave liberal por las derechas. Por otro lado, la polarización central puede ser utilizada por los líderes para vincular las movilizaciones populares no incorporadas al relato oficial, con intentos de desestabilización de los gobiernos. De esta forma, el tratamiento de las contradicciones en el seno del pueblo, que surgen a su vez, de una reproducción de las condiciones de dependencia, debilita las bases de sustentación de los procesos y permite que las oposiciones oligárquicas coapten banderas de transformación que deberían ser parte fundamental de los procesos de cambio.
  4. El denominado Consenso de los commodities, ilustra una relación estructural de dependencia aparejada a una estrategia de desarrollo que se sostiene en la explotación de materias primas. Desde posiciones de izquierda se ha cuestionado la falta de compromiso con una política de desarrollo que permita transitar hacia una economía intensiva en la generación de innovación y tecnología que posibilite mejores términos de intercambio e integración al concierto económico internacional.

Conclusión

El análisis de los procesos latinoamericanos de cambio puede ser comprendido en torno a la tensión que se configura entre lo popular y el populismo.

Las condiciones de articulación de alianzas populares que proyectan o sostienen alianzas de poder emergentes en clave populista en los contextos latinoamericanos (y podríamos extenderlos a los países del tercer mundo), dice relación con condiciones estructurales de dependencia que a su vez generan condiciones de opresión y explotación desde las que surgen movilizaciones populares (lideradas o no por movimientos sociales) que articulan y configuran en dichos procesos el pueblo en cuanto actor político. De allí que la explicación sobre el rol de los liderazgos no pueda ser reducido a atributos individuales o irracionalidad de los pueblos. Dice más bien relación con las mediaciones a partir de las cuales se puede organizar un bloque popular amplio (siempre incompleto y en proceso constante de creación) que logra configurarse a partir de una primera gran batalla, la conquista del Estado nación.

Las modalidades que asuma en cada proceso la hegemonía en clave populista, no solo debe alertar sobre el tipo de relación entre el líder y las fuerzas populares, también debe enfocarse en comprender las modalidades de acción estatal que se propician en la resolución de las contradicciones que atraviesan el proceso y su repercusión en el fortalecimiento autónomo, coaptación o debilitamiento de las capacidades de gestión de lo común de los movimientos sociales.

La gran limitación de la matriz populista radica en su tendencia, en la medida que se refuerza la autoridad del líder y no existan mecanismos de contrapeso asentados en la democratización del poder, a fortalecer los mecanismos estatales que reproducen la fetichización del Estado. De esta forma, se tiende a corporativizar o negar la acción de los movimientos sociales, cristalizando una concepción organicista y estatalizada de la hegemonía. De allí la necesidad de una política que en la medida que busca ampliar los niveles de democracia política, social y económica, combate desde el inicio las tensiones burocratizantes o la dimensión estrecha en los que se ven envueltos los procesos de transformación que apuestan por los marcos de disputa nacionales y estatales. La articulación de un poder de base anclado en experiencias de autonomía y vinculado estrechamente con las apuestas políticas nacionales es clave en Chile y Latinoamérica para garantizar direcciones colectivas de los procesos. Frente a la disyuntiva a escala regional, apostamos por una profundización de los procesos a partir de una segunda oleada de movilizaciones y conquistas que sea capaz de colocar a los pueblos como protagonistas de su historia.

 

Bibliografía

Dussel, E. (2010). La producción teórica de Marx, un comentario a los Grundrisse. Distrito Federal: Siglo veintiuno.

Dussel, E. (2012). “5 tesis sobre populismo en Latinoamérica”. En El eterno retorno del populismo en América Latina y el Caribe. Editorial de la Pontificia Universidad Javieriana.

Laclau, E. (2015). La razón populista. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Svampa, M. (2013). “‘Consenso de los Commodities’ y lenguajes de valoración en América” Latina. Nueva Sociedad.

Svampa, M. (2016). Debates Latinoamericanos Indianismo, desarrollo, dependencia y populismo. Buenos Aires: Edhasa.

Svampa, M. (2017). “Cuatro claves para leer América Latina”. Nueva Sociedad.

 

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